Paula Orell, psicóloga: "Vamos a reorganizar y hacer las tareas de casa como pareja no como madre e hijo"
Hay discusiones que no empiezan por grandes problemas, sino por algo aparentemente pequeño: unos calcetines fuera de sitio, un cartón de leche vacío en la nevera o un “ahora lo hago” que nunca llega. Lo que se acumula no son solo objetos, sino desgaste.
En una sesión de terapia de pareja, la psicóloga Paula Orellana se encontró con una escena muy habitual. Él aseguraba que no le pasaba nada. Ella, en cambio, confesaba estar agotada porque sentía que llevaba sobre sus hombros la organización de toda la casa.
El reproche en la sesión
Durante la sesión, el chico explicaba que sí colaboraba: “Si me dice que recoja algo o que haga una tarea, la hago”. El problema, según su pareja, era que tenía que pedírselo constantemente. “Por favor, quita esto de en medio”, “no pongas los calcetines ahí”, “tira el cartón de leche cuando lo acabes”. Y aunque él cumplía cuando se lo recordaban, al día siguiente volvía a repetirse la misma escena.
Orellana le preguntó si entendía cómo se sentía su pareja. Él respondió que sí, que lo intentaba, pero que muchas veces no se daba cuenta o se le olvidaba.
¿Dinámica de pareja o de madre e hijo?
Entonces llegó la pregunta clave de la psicóloga: “En las tareas de casa, ¿estáis funcionando como pareja o como madre e hijo?”.
La respuesta fue inmediata por parte de ella: como madre e hijo.
El problema no era solo que él olvidara cosas, sino que ella había asumido el rol de organizadora principal: quien pone las normas, decide dónde se guarda cada objeto, planifica las tareas y supervisa que se cumplan. Sin querer, la relación había adoptado una estructura desigual.
La clave para cambiar este patrón
La propuesta de Orellana fue explicarle a la chica que para empezar a transformar la dinámica, ella debía dejar de asumir el papel de gestora absoluta del hogar. No ser siempre quien decide qué se come cada día, dónde va el papel higiénico o cómo se organizan las tareas.
Las normas y decisiones domésticas debían plantearse entre los dos, desde el principio. Construirlas en conjunto, no imponerlas por defecto.
La mujer se sintió molesta y preguntó si entonces el problema era ella. La psicóloga matizó: no era ella como persona, sino la forma en que estaba actuando dentro de esa dinámica lo que contribuía a mantenerla.
Asumir la parte que corresponde
Pero el cambio no recaía únicamente en ella. La otra parte del proceso era que él asumiera su responsabilidad sin esperar indicaciones. No se trata de colaborar cuando alguien lo recuerda, sino de implicarse activamente y hacerse cargo de lo que le corresponde.
Elegir juntos cómo quieren que funcione la casa y en qué condiciones desean vivir implica pasar de una lógica vertical —uno organiza y el otro cumple— a una horizontal, donde ambos adultos comparten la carga mental y las decisiones.
Porque reorganizar las tareas del hogar no es solo una cuestión práctica, es una forma de redefinir la relación desde la corresponsabilidad y el equilibrio.