Fernández obtuvo una victoria arrasadora en Costa Rica: ¿le alcanzará para los “cambios irreversibles” que propone?
El avasallante triunfo de la candidata oficialista Laura Fernández en Costa Rica, en primera vuelta y con más votos de lo esperado, dejó a la vez un sinsabor en el Partido Pueblo Soberano (PPSO), que no logró la ambiciosa meta de asegurar una mayoría calificada en el Congreso, una herramienta clave para concretar reformas de gran alcance.
Si en Costa Rica se conoce como el inicio de la segunda república a los cambios tras la guerra civil de 1948, con una nueva Constitución y la abolición de las Fuerzas Armadas, Fernández ha dicho que aspira a construir una tercera república. Bajo la promesa de “continuidad del cambio” en la línea del saliente mandatario Rodrigo Chávez, la presidenta electa prometió el domingo en su discurso de victoria que estos cambios serán “profundos e irreversibles”.
El oficialismo aseguró al menos 30 diputados en la Asamblea Legislativa, según los resultados preliminares, aunque podría llegar a 31. Es la primera vez en cuatro décadas que el oficialismo alcanza esa umbral, pero no es suficiente para la anhelada cifra de 38, dos tercios de los 57 escaños.
Con una mayoría simple el oficialismo puede aprobar proyectos de ley en seguridad, uno de sus caballos de batalla, así como validar presupuestos y bloquear pedidos de levantamientos de inmunidad a diputados. Pero no llega a la mayoría calificada, necesaria para reformas constitucionales o cambiar a magistrados del Poder Judicial. Un umbral que ningún Gobierno obtuvo desde 1958 y que, si sigue dentro de sus aspiraciones, obliga al oficialismo a sentarse en la mesa de negociaciones.
El resultado “cambia la narrativa del Gobierno”, dijo a CNN Steffan Gómez, investigador de la iniciativa Estado de la Nación (PEN). “El presidente decía que no tiene el poder de cambio. La nueva mayoría le asegura una capacidad de política pública”, afirmó.
El analista destacó que si bien el PPSO logra controlar la Presidencia y el Legislativo, con un triunfo en el 75 % de los cantones, hay límites. “El mandato de legitimidad es claro, pero no es un cheque en blanco. Tiñó todo el país, pero la ciudadanía no les dio totalmente todo el poder”, expresó.
Frente a los 30 legisladores oficialista (que pueden ser 31, si lo que resta por contar favorece al PPSO), quedarían 27 que, si mantienen la unidad, marcarán algunos límites a las iniciativas de Fernández.
“Acá el reto va a ser cómo se acerca a ciertas diputaciones de la oposición”, dijo a CNN Carolina Ovares, docente e investigadora de la Universidad de Costa Rica. La politóloga sostuvo que podría no ser tan complicado convencer a algunos legisladores de unirse a las filas del PPSO, especialmente aquellas donde la disciplina partidaria no es tan firme.
Ovaros agregó que “el reto es acercarse a Liberación Nacional (PLN)”, el partido que quedó segundo y suma 17 diputados, ya que sería más difícil lograrlo con miembros de la bancada del Frente Amplio, que quedó tercera, con 7 bancas. Con cinco partidos, es una legislatura menos fragmentada que la actual, por lo que hay menos espacios donde el oficialismo puede buscar posturas afines.
Lo logre o no, es un poder mucho más amplio que el que tuvo Chaves en su gestión, por lo que se acerca más a la posibilidad de moldear a Costa Rica a la imagen que proyecta el partido.
“En estos cuatro años se van a elegir buena parte de los magistrados de la Corte Suprema”, recordó Gómez. “Van a tener que negociar con la oposición. Antes tenía más capacidad para dividir a otros bloques”, apuntó.
Que Fernández haya logrado más votos de lo esperado no la pone como la sorpresa de la noche: esa distinción fue para Álvaro Ramos, del PLN, que alcanzó un 33,4 %, casi 25 puntos más que lo que arrojaban las últimas encuestas, lo que lo convierte a priori en el principal rival opositor y una esperanza para los sectores que quieren poner un freno al PPSO.
“Ramos tiene la oportunidad de ser el líder, asumir un rol importante al interno de la estructura partidaria”, dijo Ovares, quien consideró que el candidato concentró lo que mucha gente vio como un voto útil o estratégico frente a Fernández.
La politóloga explicó que Liberación Nacional actuó como bloque opositor en el actual gobierno e hizo campaña en ese sentido, más distante que otros momentos, pero remarcó que la disciplina no fue total. “Son nuevos diputados, adentro hay conflictos y pugnas entre facciones. Veremos a quién le van a responder, no necesariamente será a Ramos”, agregó.
La legitimidad obtenida por la gran votación para Fernández se amplifica con los números de participación electoral, que fue la más alta desde 2010, y casi 10 puntos más que en 2022.
“Viendo los datos preliminares, muchos de los indecisos o de los que no votaban se fueron por Fernández”, afirmó Ovares. “Se perfila como una fuerza hegemónica electoral, veremos si (también como una fuerza) política”, agregó.
Fernández no abundó en detalles sobre los cambios que quiere implementar, pero su narrativa hace hincapié en la transformación estructural. “En el discurso dio algunas pistas de hacia dónde va, fue un discurso refundacional”, analizó la politóloga.
“Cuando se instala la narrativa de refundación, un acto es el reemplazo constitucional. Fue parte de su campaña, de las necesidades que expresó”, agregó Ovares, aunque remarcó que además de la mayoría calificada, también requiere de la aprobación de la Sala Constitucional. “No será fácil en los primeros años de gobierno”, apuntó.
Con estos desafíos, Fernández bien puede adoptar una postura de diálogo o pisar el acelerador y buscar consolidar su poder a como dé lugar.
Al respeto, Ovares sostuvo que está por verse qué estilo de política elige la nueva presidenta, pero remarcó: “Tiene una legitimidad de origen tan grande con este apoyo masivo. Frente a esta popularidad, si logra ejercerla bien, la oposición va a tenerla difícil”.
Por lo pronto, deberá también asegurar una cohesión interna que impida cualquier desafección de su propia bancada.
El descubrimiento de cómo será la gestión de Fernández estará atravesado por un elemento omnipresente: el saliente Rodrigo Chaves, una figura hiperpersonalista que logró traspasar el apoyo popular a su delfín. La mandataria electa adelantó que lo nombraría ministro de la Presidencia o de Hacienda.
Ovares recordó que en la historia reciente de la región hubo casos en que a herederos políticos tuvieron una relación conflictiva con las figuras de su partido, como en Argentina, Bolivia y Ecuador. “Por ahora siempre lo menciona, lo recuerda. Ella insiste en que él va a mantenerse. Sabe que parte de que esté allí se lo debe a él”, dijo. La conformación del gabinete ministerial será uno de los primeros momentos claves para evaluar cómo queda la nueva relación de fuerzas.
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