Acabo de cumplir treinta y todo es un desastre
La indecisión sobre el futuro empieza a pesarme más que la precariedad, que ya es decir. Empiezas a echar de menos preguntarte el cómo cuando aparecen el qué, el quién y el dónde; no quiero saber nada del por qué ni mucho menos del para qué, esas cuestiones son para Dios y para los filósofos
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