Cuenta Pedro Culán, que en una selva frondosa, donde el río San Pedro serpentea como una vena plateada, los pizotes descendientes de Iboy (¿recuerdas al Andasolo?) habían cavado un pozo profundo del que extraían savia negra de la tierra. El pozo no solo daba trabajo a los tejones, que cargaban cubos de savia para comerciar, sino que mantenía un bote mágico que cruzaba el río de sol a sol, uniendo las madrigueras de dos aldeas: La Libertad y San Andrés. Jaguares, monos aulladores, tapires y pecaríes usaban el bote sin pagar una sola bellota... Читать дальше...