El ateísmo dejó de ser una gesta heroica para convertirse en un bostezo de oficina. Hubo una época en la que no creer requería una voluntad de hierro y una lectura concienzuda de Nietzsche; hoy, sin embargo, la increencia es más bien una inercia, un quedarse a verlas venir. Pero el hombre, que es un animal con una sed que no se apaga en el grifo de la técnica, está volviendo a mirar hacia arriba, aunque lo haga con el pudor de quien entra en una iglesia antigua para resguardarse de la lluvia. Lo vemos en el pop... Читать дальше...