El placer de cotillear casas, de entretenimiento a síntoma: “No te lo puedes permitir ni en sueños, pero lo consumes igual"
Mirar casas es, en este contexto, una forma de sustitución simbólica: un modo de imaginar aquello que no se tiene y que se ha vuelto inalcanzable. A través de la pantalla del teléfono proyectamos otra domesticidad
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