Tiene ironía que, con un apellido tan luminoso, Julio Blancas solo pinte con grafito negro y sea un artista más bien opaco: ha concedido una única entrevista y rehúye hablar de su trabajo. Aunque tampoco le hace mucha falta, su obra se expresa por sí misma y arrastra al espectador a las profundidades de sus remolinos de carbón. Para realizarla, ejecuta un gesto obsesivo en movimientos cortos hasta que la superficie acotada (papel, lienzo o antenas parabólicas) queda cubierta por completo. A medio camino entre lo figurativo y lo abstracto... Читать дальше...