Si alguien se incorporó tarde al carnaval electoral en Aragón, a esas derrotas que parecen victorias, a los vítores que camuflan lamentos y al «no fui yo, que es cosa de él», lo mejor que puede hacer es mirar a los secundarios. Sí, los que suben a respaldar al candidato, a abrazar a la derrotada y a asentir, con cara de circunstancias, al rimero de obviedades que adorna el discurso de, sin ir más lejos, Pilar Alegría, embajadora del sanchismo en tierras aragonesas. Por los discursos uno sabe lo que son cada uno... Читать дальше...