Más que el desastroso marcador, al Espanyol le pesaba el sentimiento de que había plantado cara e incluso pudo adelantarse, pero, sin embargo, todo ello no sirvió para nada. Nunca es justo decir que un cuatro a uno es abultado, pero los periquitos jugaron con criterio la primera media hora, y terminaron siendo arrasados, asistidos por su propio demérito. La extrema fragilidad defensiva se sumó a la frustración, padre de la precipitación. Si no llegaron más goles fue por el desacierto local y no por un cambio de cara de los periquitos. Читать дальше...