Me odiaría a mí mismo
Ni crea nadie que son felices. Padecen de rabia y obesidad en las ideas. Tienen tantas cosas que consumir que estas los consumen a ellos y los dejan sin alma: digeridos y aptos para quedar desechos, no «en menudos pedazos», sino en virutas adiposas compactadas por el exceso erosionante de McDonald′s, papas fritas y Pepsi colas.
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