El viernes era imposible encontrar una mesa donde tomar un vino. La temperatura y las tarjetas de crédito intactas de principios de mes barruntaban un fin de semana fantástico. Plazas y calles abarrotadas de gentes viendo pasar los días y los telediarios como se ve pasar la Liga de fútbol. Cuatro forofos del deporte rey acuden al estadio llueva o truene mientras la inmensa mayoría sólo se pone la camiseta de su equipo el día de la final. Ese día las emociones se disparan, la adrenalina aflora y las mismas calles vuelven a abarrotarse pero con una pantalla gigante en la que el gentío ve cómo su equipo la pifia en los penaltis o cómo su partido político pierde ese...
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