Nano Bahamondes (1935-2025): el acordeón de Chile y su herencia
Fue algunas semanas después de cumplir noventa años, en una vida casi completa dedicada en cuerpo y alma a la música. El 7 de junio murió Hernán Bahamondes, uno de los más reconocidos acordeonistas de Chile, luego de una trayectoria en la que desde los años sesenta fue parte de conjuntos como Fiesta Linda y Los Labradores y en la que dejó registro de su instrumento en múltiples discos de artistas y conjuntos por siete décadas.
Melodías de acordeón grabadas en la memoria popular chilena como las de la cueca “La consentida” o el vals “El gorro de lana”, popularizadas por Silvia Infantas y los Cóndores y por Jorge Yáñez respectivamente, son creaciones de Hernán Bahamondes, artista que mereció entre sus reconocimientos el nombramiento de Hijo Ilustre de la comuna de Lo Espejo y el Premio a la Música Presidente de la República que recibió en 2023.
Nano Bahamonde recibe el Premios a la Musica Nacional Presidente de la Republica 2023. Dragomir Yankovic/Aton Chile
Fue un trovero porteño: los inicios
Nacido en el cerro Barón en Valparaíso el 20 de mayo de 1935, Manuel Hernán Bahamondes Núñez estaba tocando acordeón antes de los veinte años en su primer conjunto, Los Troveros Porteños, donde compartió filas con el también reconocido músico popular Pepe Fuentes.
En el libro “A la pinta mía” (2014), autobiografía de Pepe Fuentes, es Nano Bahamondes quien recuerda en primera persona ese grupo: “Éramos tres guitarristas y una dama que cantaba. Tocábamos en una audición en Radio Presidente Prieto (…) y en la de Juan Segundo Caviedes en Radio Cochrane. Iban muchos aficionados y nos gustaba acompañar a todos”.
El restaurante viñamarino El Rancho Criollo fue escenario donde el joven músico se formó en los años cincuenta, según evoca en el mismo libro: “Ahí habíamos dos acordeonistas. Yo estaba a cargo de acompañar a todos los números que iban de Santiago a Viña. Y a los números de Viña los acompañaba el Lucho Zapata”.
Un siguiente conjunto en su recorrido fue el de Los Labradores, con Margarita Torres, Patricio Morales y Jaime Rojas. Actuaciones en el Café Checo del puerto o junto al músico argentino Alfredo Fanuele entre folclor y tango formaron parte de la experiencia del grupo, que llegó a comienzos de los años sesenta a Santiago.
Nano Bahamondes.
Ya en la capital, Nano Bahamondes actuó en radio Corporación y, según refiere el joven músico y divulgador Claudio Constanzo, fue invitado por el guitarrista Humberto Campos a unirse a su equipo de instrumentistas, con el que participó de grabaciones para Ester Soré, Chito Faró y más artistas.
Humberto Campos no fue el único referente que reparó en el joven valor porteño en esos años, como cuenta la cantante María Esther Zamora, cuyo padre es Segundo Zamora, acordeonista también y fundador del Trío Añoranzas.
“Siempre se destacó porque era muy folclorísimo el Nano“, dice María Esther Zamora. “Él era muy admirador de mi padre, tuvieron hartos encuentros y, fíjate lo que es la vida: mi padre, cuando ya no pudo tocar y tenía compromisos de grabaciones, dos long play de cuecas inconclusos que había que terminar, lo primero que pensó, siendo tanto lo que quería por supuesto a Rabanito (el popular acordeonista Rafael Berríos), fue en el Nano. Porque su forma de tocar el folclor es inigualable. Es un innato folclorista. Mi padre, veinte años mayor que el Nano, lo admiraba mucho“.
También conserva un recuerdo personal del acordeonista la cantante Clarita Parra, hija de Eduardo Parra, el Tío Lalo, a propósito de uno de los principales escenarios santiaguinos de la época para la música chilena: el restaurante El Pollo Dorado.
“Yo estaba en El Pollo Dorado haciendo un reemplazo. Cuando termino de cantar una noche, me avisa el garzón que dos señores me quieren saludar, y me encuentro en la mesa con Nanito Bahamondes y Patricio Morales, de Los Labradores, que me dicen que fueron a escucharme porque quieren que pertenezca al grupo. Como eran muy caballerosos me dijeron ‘Piénselo, pero lo más rápido posible, porque la queremos con nosotros’. Días después recibí un llamado de Nanito para invitarme a verlos a La Serena, donde tocaron maravillosamente y en medio de las canciones hacían saludos. Uno de ellos fue para mí: que era Clarita Parra, que tenía dieciocho años y que pronto sería parte del conjunto. Y fue así. Estuve prácticamente un año con Los Labradores. Grandes músicos, muchos ensayos, siempre enseñándome, una humildad tremenda que llevaré siempre dentro de mi corazón“, recuerda Parra.
Una foto con Libertad Lamarque
Una institución de la música tradicional chilena de la época fue el conjunto Fiesta Linda, formado en Valparaíso, liderado por el compositor Luis Bahamonde Alvear y por la cantante Carmencita Ruiz. Ahí también recaló el talento de Hernán Bahamondes.
“Me integré a Fiesta Linda cuando me vine a Santiago, porque ellos llegaron antes, haciendo furor”, decía el propio acordeonista en 2014. “Era lo mejor que había. Las guitarras, la Carmen que cantaba precioso, Lucho que hacía segunda voz (…). Cuando a él se le ocurrió poner acordeón ahí me integré, y con otros guitarristas: Jaime Rojas, Miguel Abarca, Alfonso Chacón, incluso estuvo Humberto Campos. Un tiempo largo estuve con ellos. Hasta que Lucho dijo chao (Luis Bahamonde murió en 1978). Hasta última hora”.
Hernán Bahamondes trabajó también con Los Puntillanos, popular conjunto que integró el acordeonista Tello Mena. El propio Tello comparte hoy desde Chiloé una impresión de su colega.
“No creo que otro acordeonista haya grabado con tantos solistas y grupos . Sería imposible nombrarlos a todos. Sólo como referencia, con Los Puntillanos, Los Chilenazos y Los de la Minga, conjuntos que integré en su tiempo, grabamos más de 350, 360 canciones con el Nano. Incluso cuando me venía de vacaciones o de gira para el sur él me quedaba reemplazando. Fue mi maestro, y maestro de todos los acordeonistas”, detalla.
Además, Claudio Constanzo afirma que: “Una de las conversaciones favoritas con Nano Bahamondes, el Tío Nano como le solíamos decir con cariño –menciona Claudio Constanzo–, era preguntarle por todas estas grandes figuras que conoció en la radio, en locales de la bohemia santiaguina, en teatros o en giras. Artistas y cantantes de la talla de Alberto Castillo, Lola Flores, Pedro Vargas, Argentino Ledesma, Carlinhos y su Bandita, Lucho Gatica también. Y de ahí surgen muy lindas anécdotas. Por ejemplo, cuando llega a Santiago desde Valparaíso con el conjunto Los Labradores les tocó compartir escenario con una gran figura como es doña Libertad Lamarque, a la cual Nano Bahamondes admiraba desde siempre. Conservaba una fotografía que ella le dedicó de puño y letra”.
Por su lado, el acordeonista Daniel Sánchez Uribe, integrante de grupos como Los Tricolores, Los Arrabaleros, la banda de Joselo Osses, Perro Nocturno y Las Capitalinas, comparte que “en esa época el Nano trabajaba para los sellos y, artista que necesitaba acordeón, ahí estaba el Nano. Por eso hizo introducciones como la de ‘Viva Chile’ (tonada de Luis Bahamonde Alvear) o de ‘La consentida’, que Nano siempre cuenta que lo llamó Silvia Infantas para grabar y que, en el estudio, en el momento en que tocaba entrar el acordeón, se le ocurrió esa pasaíta o punteo como le llamaba él, el típico de ‘La consentida’. Yo creo que era un genio en ese sentido, uno lo veía tocar y le salían acompañamientos, introducciones, improvisaciones, todo innato y del momento“.
Es el acordeón de Chile
Otra de las melodías más reconocibles del acordeón de Hernán Bahamondes es la que dejó grabada en el vals “El gorro de lana”, que el cantor Jorge Yáñez popularizó en su primer disco como solista, “y qué jué..!” (1977), según el recuerdo que el propio Jorge Yáñez hizo el 7 de junio en la despedida del acordeonista.
“Cuando me decido a grabar (la canción) alguien dice ‘Oye, pero a esto le hace falta un acordeón’. Van a buscar a Hernán Bahamondes. Y aparece el maestro, y amigo, y artista Nano Bahamondes. Y le decimos ‘Maestro, esta canción empieza Un gorro de lana, te mandé a tejer… Escúchela por favor y haga una introducción’. Él toma su acordeón, empieza a tocar y quedó esa introducción. Esa canción se debe a muchos factores desconocidos, casi a un milagro dentro del mundo de la canción popular chilena, pero cuando se escucha esa melodía todo el mundo dice ‘Ah, el gorro de lana’. Ése es mérito de Nano”, dice Yáñez.
Víctor Hugo Campusano, compositor, acordeonista y fundador del grupo Altamar (1993) destaca que “Nano Bahamondes no es un acordeonista más, es el acordeón de Chile. Sus melodías en las introducciones de cuecas y tonadas dieron identidad a nuestra música. Con Alberto Rey en el arpa son los reyes indiscutidos del folclor nacional. Nano nos dejó un legado con su fuelle ligado y notas armoniosas, pero sobre todo era el alma de Bahamondes la que hablaba en su instrumento”.
Nuevas generaciones de instrumentistas y cantantes recibieron también el influjo de Nano Bahamondes, entre acordeonistas actuales como el mencionado Daniel Sánchez Uribe y los conjuntos Los Perpetuos y Los Enchapaos con Don Nano.
La profesora Carolina Navarro formó Los Perpetuos en 2014 y un año más tarde, en septiembre de 2015, Nano Bahamondes se había unido a la alineación. Además de actuaciones numerosas en diversas comunas, de ese trabajo quedó huella en las grabaciones “A la chilena” (2019), cueca de Rodrigo Robles, y el EP “En vivo + 18” (2021), hechas con dirección del acordeonista.
“En su labor como director era bien riguroso, aunque tenía muy buen humor, era muy chacotero y nos reíamos mucho con él. Siempre fue un gran maestro para todos nosotros. Valoraba mucho la simplicidad en la música. Se molestaba cuando uno empezaba a ponerle muchos acordes a un tema musical. Decía ‘Uno puede hacer muchas cosas a partir de la esencia de esa música’. Iba haciendo maravillas con esa esencia, adornaba las canciones de una manera muy linda con melodías que tengo tan grabadas en mi corazón, en mi memoria”, recuerda Carolina Navarro.
Más reciente fue la aparición de Los Enchapaos con Don Nano, formados en 2023 por el mencionado Rodrigo Robles, quien provenía de Los Perpetuos, por el cantante Claudio Benavides (integrante de la banda de rock Keko Yoma) y por el propio Bahamondes.
“Tuvimos años de trabajo pero alcanzamos a tener sólo una presentación y algunas grabaciones. Los Enchapaos surgen gracias al mismo Nano, porque él me dice :’Quiero ir a tocar, a tocar contigo a Valparaíso’. Con Claudio (Benavides) somos amigos desde la universidad y nuestros gustos siempre han sido de música popular, folclor. En Los Perpetuos estaba recién conociendo a don Nano, toda mi experiencia se centraba en la formación y con el tiempo se profundizó la relación. Los Enchapaos era un proyecto donde yo me implicaba y también respondía al deseo de don Nano. Fueron dos experiencias muy distintas y las dos maravillosas”, dice Rodrigo Robles.
El sello de Bahamondes
“Ese gusto en la interpretación de nuestra música es algo que creó una escuela para todos”, afirma María Esther Zamora al momento de valorar la herencia musical de Hernán Bahamondes. “Me ha costado muchísimo asimilar que se nos haya ido”, dice Tello Mena, “pero el recuerdo que va a quedar entre nosotros es eterno. Un recuerdo grande para él y este humilde homenaje, que lo reciba de corazón nuestro querido Nano”.
“Como reflexión, creo que Nano Bahamondes tuvo el reconocimiento de sus pares y también premios y reconocimientos importantes, como su nombramiento de Hijo Ilustre de Lo Espejo y el premio Presidente de la República. Es raro en estos tiempos que un artista logre ser visto por una sociedad que cada vez se detiene menos a escuchar la buena música”, valora Víctor Hugo Campusano.
“Estuve varios años en el Ministerio de la Cultura y las Artes, donde se entrega el Premio Presidente de la República a los diferentes géneros de la música chilena. Y con Antonia (su hija), que también es artista, pensamos en Nanito. Llegamos a su casa, donde nos recibió como siempre con cariño y le contamos que lo íbamos a postular para ese año 2023. Trabajamos y lo logramos. Con eso quedamos felices de haber cumplido con este reconocimiento en vida”, menciona al respecto Clarita Parra.
“Fue como si hubiéramos tocado siempre juntos. Compartir con él fue un espacio de enseñanza, fue aprender de la historia de la música chilena. La música para él era su vida. Siempre me decía ‘Si volviera a nacer volvería a hacer lo mismo’. Se le va a extrañar y se le extraña mucho ya, y agradezco haberlo tenido como compañero de la música”, agrega Carolina Navarro acerca de su experiencia en Los Perpetuos.
“Pasábamos horas enteras tocando acordeón, conversando, y nos convertimos en grandes amigos. Me considero un discípulo porque, si bien no tuvimos clases de profesor y alumno, siempre que nos juntábamos me enseñaba cosas que le pedía o simplemente al mirarlo y escucharlo aprendía mucho: de su gusto, de la forma de acompañar, de su estilo, que era muy único y que quedó plasmado en toda la música chilena para siempre”, recuerda Daniel Sánchez.
“Hablar de Nano Bahamondes es hablar de un estilo propio de tocar el acordeón, instrumento que lo ha llevado a trascender a través de las generaciones pues todos tienen una frase, una introducción de Bahamondes. O sea podemos hablar ya de un sello Bahamondes, que se plasmó en las múltiples grabaciones que hizo para la música chilena”, considera Claudio Constanzo.
“Para mí fue encontrarme con un cultor. Esto lo aprendí de Luis Castro (integrante del grupo de cueca Los Chinganeros), que nos decía ‘Cuando se encuentren con un cultor no hay que poner en duda lo que dice’. Porque el cultor transmite un saber popular, de la gente, histórico, no es un saber de libros. Don Nano por ejemplo no sabía teoría musical. Entonces su enseñanza era incluso desde el cuerpo, no desde el habla. Para sacar una nota, un acorde, una melodía, su manera de enseñar era que lo tocaba en el acordeón”, define Rodrigo Robles.