Cayo Suetonio Paulino no era un comandante cualquiera. Cuando fue nombrado gobernador de Britania, allá por el siglo I d. C., había aplastado a los enemigos de Roma en el norte de África y contaba a sus espaldas con la reputación de infalible, disciplinado... y poco dado a las supersticiones. Sin embargo, al pisar la isla de Anglesey se topó con un enemigo que desafió su lógica militar: una extraña secta de druidas que había hecho de su resistencia a la Ciudad Eterna un estandarte con el que avivar los ánimos de las tribus rebeldes. A partir de entonces, su máxima fue su destrucción; y su ariete, el acero de los soldados de la legión XIV Gemina . La llegada...
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