En la ciudad donde habito no hay día sin Letras, ya sea presentación de libro, ya recital poético, ya docta conferencia, ya soporífero coloquio. Aquí, el censo municipal es ilustradísimo. La Atenas de Pericles era una tribu ignara al lado de esta ciudad circundada por ilustres piedras romanas, torreones de silencio. No sé si por suerte o por desgracia, unas veces mediante pago y otras por obsequio, el caso es que casi toda publicación aquí escrita o aquí sacada a plaza acaba cayendo en mis pecadoras manos. Y a todas ellas, ya por curiosidad ya por cortesía, les dedico algún tiempo y algunos pecios de mi naufragada vista. Acabo siempre impresionado al comprobar lo irrefrenable de tanta vocación literaria, porque...
Ver Más