Son tiempos de nervios, alegrías e incluso decepción para los casi 13.000 alumnos gallegos que recibieron esta semana las notas de Selectividad. Para muchos, el primer paso en una carrera de fondo que inician desde la Universidad, aunque cada vez son más los que posan su mirada en la Formación Profesional (FP) –con 68.823 alumnos matriculados el año pasado, cifra récord en Galicia–, ya sean recién salidos del instituto o adultos que buscan mejorar su desempeño en el trabajo o darle un vuelco a su vida laboral para encontrar su verdadera vocación. Y en un contexto de acusada falta de relevo generacional, el mundo rural se presenta como una alternativa al bullicio y frenesí propio de las grandes ciudades. Un espacio para desarrollarse como trabajador y persona en contacto directo con la naturaleza, cada vez más accesible gracias a formaciones como las ofertadas por la Consellería do Medio Rural, que pone a disposición 406 plazas de nuevo ingreso en seis centros de formación y experimentación agraria (CFEA) de cara al próximo curso 2025/2026. Unos ciclos de grado medio o superior con un índice de inserción laboral próximo al 100%, tal y como aseguró a principios de semana la conselleira del ramo, María José Gómez. Ya sea para los amantes o interesados en la jardinería o floristería, en la conservación del medio natural, en la producción agropecuaria y agroecológica, en la gestión forestal y paisajística o en lo relacionado con la ganadería y sanidad animal, la oferta es variada. Y a diferencia de los grados universitarios, la FP permite una adaptación más ágil de las formaciones de acuerdo a las necesidades económicas y laborales del territorio, un factor determinante teniendo en cuenta que el sector primario supone aproximadamente el 4% del PIB gallego y un 6% del empleo total en la comunidad, valores muy superiores a los del conjunto de España (2,6% del PIB). Los centros de enseñanza para esta formación se encuentran dispersos a lo largo de la geografía gallega, como el CFEA de Guísamo, en Bergondo (La Coruña); el CFEA de Sergude (Boqueixón, La Coruña), el CFEA de Lourizán (Pontevedra), el CEFEA de Becerreá (Lugo) y el CEFEA de Monforte de Lemos (Lugo). Centros en los que se apuesta por una formación «muy práctica y allegada al territorio» que destaca por su «buena salida» laboral, afirmó este lunes la titular de Medio Rural. «Yo tenía compañeros que eran farmacéuticos, bomberos... de todo. Seguían trabajando pero que veían que no querían acabar trabajando de eso toda la vida», explica Raquel López, que acaba de cursar el grado medio de jardinería y floristería. Como ella, son muchos los adultos que han conseguido continuar con los estudios, ya sea para cambiar de profesión o, como en el caso de Raquel, encontrar su auténtica vocación. Después de estudiar Administración y Finanzas, pensando en su potencial a la hora de encontrar empleo, para posteriormente formarse en arquitectura e interiores, el rumbo de Raquel la llevó a intentarlo de nuevo en un ámbito que consideraba «un hobby» y que resultó en su pasión: la floristería. Fue a partir de la recomendación de una amiga, y la experiencia no la decepcionó a la hora de combinar múltiples herramientas y habilidades, como la capacidad de decorar eventos u hogares pero también desbrozar, utilizar un tractor o incluso nociones de soldadura. Un contexto que ha permitido a más de uno descubrir su interés por oficios que no se planteaban a la hora de matricularse, como en el caso de la propia Raquel: « a mí lo de los nudos de trepa –para subirse a los árboles– también fue algo me gustó muchísimo, y claro, yo me metí por la floristería», comenta la exalumna. Ahora, Raquel pretende matricularse en el curso de especialización de floristería y arte floral, dirigido a los que cursaron previamente el ciclo medio para seguir expandiendo su conocimiento en la materia gracias a la flexibilidad horaria, que permite compatibilizar los horarios con otras actividades, laborales o familiares. «Encontré mi vocación por fin. La floristería, para mí, abarca todas mis aficiones y te permite ser muy creativo«, concluye. Sin embargo, la opción de incorporarse directamente al mercado laboral nada más terminar estos ciclos medios o superiores es posible, como relata Lara Vázquez, estudiante del ciclo superior de conservación del medio rural. Destaca la presencia de profesores como Pablo Pérez, con tres décadas de experiencia luchando contra los incendios forestales, o el enfoque práctico de la formación, que permite adquirir conocimientos útiles para múltiples ámbitos. «Todos los centros disponen de maquinaria como motosierras o autocargadores forestales –vehículos especializados–», señala Vázquez, lo que les permite entrar con ventaja en empresas del sector forestal al estar familiarizados con estas herramientas. Pero, ante todo, destaca la posibilidad de poder vivir en el campo y la calidad de vida, «incomparable» con la de las ciudades.