Fascismo a la vuelta de la esquina, por Mirko Lauer
Cuando en estos días se dice que el fascismo está de vuelta, por lo general se está aludiendo al destemplado estilo personal de Donald Trump o Javier Milei, comparable con el de Benito Mussolini o Adolfo Hitler de hace un siglo. El símil histórico es válido, pero se queda en los bordes de la cuestión. El fascismo de estos días es más que un asunto de malos modales del líder.
Son varias las facetas. Están los intentos de acabar con los derechos de la ciudadanía. También el recurso a la violencia contra la población. Luego está el socavamiento de la ley, de la prensa libre, de la educación. La lista sigue, todo en nombre de un mandato popular, que a menudo, bien visto, ni siquiera es tal.
El fascismo real no está en los desfiles sino en los detalles. Cuando hace unos días el primer ministro Arana presentó su deseo de retirar al Perú de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y eso lo ayudó a obtener el voto de confianza, ya estábamos en un Congreso fascista, con generalotes retirados y todo. No lo va a lograr, pero igual.
Ese proósito de salir de la CIDH va de la mano con la recién aprobada amnistía para los crímenes cometidos por fuerzas del Estado en la lucha contra el terrorismo de los años 80-90. Nadie diría que el Perú avanza hacia el fascismo. Puede que no en lo formal, pero las costumbres y la tolerancia se están moviendo en esa dirección.
Es cierto que este país no está aquejado por el clásico trío de lo ultranacionalista, lo xenófobo y lo anti-inmigrante. Pero sí alojamos algunos rasgos menos notorios, como la colusión de poder político y delincuencia, o el flagrante disrespeto de los principales políticos frente a la ley, que por cierto incluye a la Constitución y a la democracia.
El paso del fascismo asolapado a un efectivo fascismo se da en un tris. Solo se necesita retirar la zanahoria y sacar a relucir el palo, o un par de reglas inaceptables impuestas arbitrariamente. Miren lo rápido que ha pasado Trump de codiciar países ajenos a lanzar la tropa contra personas de su país satanizadas por el nuevo discurso oficial.
Al igual que populista, la palabra fascista no es fácil de usar (imposible usar caviar quedar uno mismo marcado como un fatuo à la mode). Pero el fenómeno debe ser tomado en cuenta, cada vez más.