"Siempre he intentado vivir mi día a día desde muy pequeñita sabiendo y entendiendo que no veía bien. Pero tener que afrontar a los 12 años, en pleno cambio y con las hormonas revolucionadas entrando en la adolescencia, que tampoco iba a escuchar bien ya de por vida fue el golpe más duro". Marta Martínez, sordociega de Alicante de 27 años, relata su vivencia. "En el colegio se dieron cuenta de que hacía movimientos muy raros con la vista, que me acercaba mucho a las cosas".