Municipalidades que simplemente no dan la talla
Recuerdo que hace muchos años, unos 50 tal vez, tenía el concepto de que las municipalidades no hacían gran cosa. Eran pobres, y a pesar de eso, con frecuencia perdonaban el pago de los impuestos territoriales, algo así como un “borrón y cuenta nueva”, y “salados” los que sí habían cancelado los impuestos oportunamente.
En ese entonces, yo era estudiante de colegio y luego de universidad. Posteriormente, ya casado, con hijos, trabajando y pagando los impuestos oportunamente, me interesé más por saber qué hacía anualmente una municipalidad, el llamado gobierno local.
Fue en 1876 cuando se estipuló que cada cantón debía contar con un ayuntamiento tal y como lo conocemos en la actualidad (Semanario Universidad, setiembre 2012). Por otro lado, en el Gobierno Central proliferaron instituciones descentralizadas técnica y funcionalmente (instituciones autónomas) las cuales realizan tareas que les correspondían a los gobiernos locales.
Es por eso que cuando en una reunión familiar o de amigos se menciona el tema de carreteras, inmediatamente se le vienen a uno a la mente el MOPT y Conavi; si es el tema de buses o el tren, pensamos en el Consejo de Transporte Público; si es de educación, en el MEP, y de salud, la CCSS. Al hablar de seguridad, pensamos en el respectivo ministerio; si es de agua, el AyA, y cuando se habla de las personas en situación de calle, el IMAS. Y la lista puede extenderse mucho más.
Ahora bien, en otra serie de asuntos, como el alcantarillado pluvial, la basura y el plan regulador, se piensa de inmediato en la municipalidad. Y en materia de tanques sépticos y drenajes, también. Además, otras muchas tareas están a cargo de la Policía Municipal.
Sin embargo, lo cierto es que el presupuesto municipal se destina al pago de salarios y dietas y es poco lo que queda para responder por el bienestar y el desarrollo de los habitantes del cantón y para mejorar por la calidad de vida en el ámbito local.
Y es que los sueldos de los alcaldes van de ¢450.000 hasta ¢5.740.000 al mes, y cada dieta de los regidores varía entre ¢10.000 y casi ¢300.000.
Las muchas falencias municipales
Es muy común que el alcantarillado pluvial no dé abasto para la recolección y transporte de las aguas de lluvia. También, que la basura la recolecte una empresa privada contratada por la municipalidad, y que los desechos sólidos viajen muchos kilómetros para ser depositados en un relleno sanitario que ya se encuentra a punto de alcanzar su vida útil (antes, las municipalidades tenían sus “botaderos de basura”).
Si bien algunos municipios cuentan con un plan regulador (herramienta que facilita a los gobiernos locales el ordenamiento territorial y las perspectivas de desarrollo), está muy bien engavetado; tan empolvado o perdido que el nuevo alcalde ni lo conoce.
En un breve recorrido por muchos cantones, se observan indigentes durmiendo en las aceras, y la municipalidad no hace nada; puentes de un solo carril en muchas vías, y la acción municipal es nula; escuelas cayéndose a pedazos, y no hay intervención de la alcaldía.
El bienestar, desarrollo y calidad de vida de los habitantes de un cantón depende en gran medida de macro y microproyectos que las municipalidades pueden y deben desarrollar a la vez, pues no basta con que se dediquen a construir aceras con franjas amarillas en el centro para la población no vidente.
Como mínimo, deberían ocuparse del mantenimiento de espacios públicos y parques, de la emisión de permisos de construcción, de la promoción de actividades culturales y deportivas y de la atención y gestión de trámites municipales.
Cada ciudadano debería exigirle a su alcalde y al Concejo Municipal que formulen y ejecuten de forma inmediata el plan regulador y que emprendan obras de infraestructura en conjunto con las instituciones del Estado (en responsabilidad compartida 50% y 50%), priorizando aquellas de gran impacto para el bienestar, desarrollo y calidad de vida de los habitantes locales. Menciono solo algunas: escuelas, puentes, Ebáis, una red de cuido, áreas recreativas y deportivas, paradas de buses y de tren, cámaras de video para monitoreo, recolección mensual de basura no tradicional, campañas permanentes sobre reciclaje y separación de desechos, etcétera.
Finalmente, en un mundo ideal, la basura debería depositarse y tratarse en el territorio de la municipalidad que lo genera, y de esa forma, posiblemente los gobiernos locales se preocuparían por contar con campañas de educación sobre la separación de la basura, el reciclaje e incentivos para quienes más reciclen.
dagoberto.arayavillalobos@gmail.com