De un infierno a otro de Julia Guzman, atrapados por sus propios demonios
Los cuentos de la escritora chilena Julia Guzmán, publicados por LOM, bajo el título “De un infierno a otro” (2024), dan cuenta de un gran cuadro con distintas viñetas, trazado por mano experta, que retratan a diversos personajes en situaciones que en las que predominan un tono misterioso, sombrío y desesperanzador.
Son diez relatos que sumergen al lector en situaciones peculiares y, a veces, bizarras. De espacios en los que los personajes parecen estar atrapados y cuya único escape es otro lóbrego destino.
Los relatos se pueden dividir en dos partes. Las primeras cinco narraciones son protagonizadas por dos detectives privados nacionales. Uno es Miguel Cancino, que tiene una tienda de libros usados en las galerías de Manuel Montt en Providencia. Y Ester Molina, una mujer dedicada cien por ciento a las investigaciones pagadas y que carga con una historia que se vislumbra en algunas páginas de los relatos.
De las indagaciones que ellos realizan se encuentran personajes que están agobiados por su situación, que luchan por sobrevivir o buscan alguna salida que los libere de su sufrimiento. Como si los personajes estuvieran frente a un abismo y no tuvieran más escapatoria que otro abismo.
La atmosfera oscura y misteriosa continúa en los otros relatos. Los personajes reflejan la desolación que se vive dentro de la comunidad: una profesora sufriendo la furia de su marido, una dueña de casa aburrida de su matrimonio que huye al sur con su amante, un vagabundo que vive en una plaza, una mujer que se encierra en un hotel en busca de inspiración, son algunos de los tipos que ha escogido la autora para retratar esta sociedad de seres agobiados que viven un tanto a la deriva.
La mayoría de los relatos transcurre en un escenario que aumenta esta sensación de opresión y soledad: la cuarentena durante la pandemia de coronavirus. Los personajes se mueven por un Santiago abandonado, de calles desiertas y fachadas mudas, que son el fiel reflejo de ese desamparo vital que padecen. Ya sea en sus propias casas o en una plaza o en una cárcel, los individuos vacilan entre sobrevivir o dejarse caer en ese borde del abismo en el cual caminan.
Las narraciones recorren gran parte de la capital, trazando un gran fresco de la ciudad como actor secundario. De Providencia a Carrascal, pasando por el Cajón del Maipo a Peñalolén, de un céntrico hotel a la cárcel, esta ciudad tomada por la pandemia, bulle de vida y personajes extraños que se esconden de la enfermedad y de la soledad.
El cuento que da título al libro “De un infierno a otro” es el único que sale de lo citadino para entrar en la zona sur de Chile, específicamente en Chiloé. Hasta ahí llega Valeria, quien llega detrás de su amado, dejando su propia familia, de la cual estaba un poco harta. Pero lo que más la afeta del lugar es la oscuridad, una oscuridad profunda que se asemeja a la nueva situación en que se encuentra, más terrible de la que vivía en Santiago.
La resolución que le da Julia Guzmán a la mayoría de sus relatos, exhibe su mano diestra al escribir, esbozando líneas narrativas de manera muy suelta. Esta aparente sencillez contrasta con la profundidad de los alcances que tiene las narraciones. Como si se estuviera frente a un río manso que esconde fuertes corrientes bajo la superficie, los relatos llevan al lector hacia situaciones inusuales, que incitan su curiosidad y que al final sorprende pues no se entiende muy bien como se llegó hasta allí.
En suma, una gran voz, una voz femenina, en este inmenso mar negro de las historias detectivescas y de misterio. Sus diversas partes conforman un gran todo, que se disfruta de principio a fin.
Por Cristian Uribe Moreno.