El panorama del baloncesto español se prepara para una transformación significativa con la inminente puesta en marcha de una nueva competición diseñada para retener al talento emergente. Se trata de la liga masculina
sub-22, que nacerá con la ambición de cerrar la brecha entre el baloncesto de formación y el profesionalismo, actuando como un dique frente a la sangría de jóvenes promesas que optan por el sistema universitario estadounidense, la
NCAA, atraídos por los generosos nuevos ingresos y la posibilidad de compaginar deporte y estudios.
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