Cuando un gato entra en la pareja… y una arena salva la convivencia
El olor desagradable, el polvo por todas partes, los restos de arena por el suelo que deben recogerse cada dos por tres, la rutina de vaciar el arenero cada semana, el trasto en el baño que molesta cada vez que se desea entrar en la ducha y la sensación de que el baño huele a… eso. Y ahí es donde muchas parejas empiezan las peleas y donde el gato se convierte en fuente de conflictos. La solución no está en deshacerse del gato; está en cambiar de arena de una vez por todas.