Las lombrices de tierra revelan un mecanismo evolutivo que desafiaría a Darwin
En 1859, Darwin imaginó la evolución como un proceso lento y gradual, con especies acumulando pequeños cambios a lo largo del tiempo. Pero incluso él se sorprendió al mirar el registro fósil y no encontrar los eslabones perdidos: esas formas intermedias que deberían contar la historia paso a paso, simplemente no estaban. Su explicación fue tan incómoda como inevitable: el registro fósil es, en el fondo, un archivo lleno de páginas arrancadas.