La del Corpus Christi es la procesión de Toledo, la piedra angular de la Semana Grande y su razón de ser. Una procesión popular en sus primeros tramos que gana en solemnidad a medida que avanza y se acerca la custodia de Enrique de Arfe. Es popular porque es la procesión del pueblo, de los barrios representados en sus cofradías y de un sentimiento toledanista que trasciende la muralla, y solemne por cuanto representa en la historia de la ciudad con un protocolo ancestral y hermético. El cabildo de la Catedral no deja nada al azar y esa es una de las claves de una procesión redonda que transcurre sin prisa, pero sin pausa, aunque este año la custodia se quedase rezagada en la calle Comercio, con un pequeño corte en la plaza de Zocodover entre las órdenes religiosas y el grueso del tramo eucarístico que abre la Cofradía de la Santa Caridad, que ostenta el privilegio de procesionar entre capas, entre los sacerdotes diocesanos revestidos con los textiles del siglo XVIII del taller de Miguel Gregorio Molero. Presenciar la procesión del Corpus Christi permite disfrutar del gran patrimonio que atesora la Seo Metropolitana , desde el ajuar litúrgico, hasta los tapices, todo ello piezas de museo que se exponen en las calles y las plazas de un Casco Histórico en el que proliferan los taburetes y las sillas plegables de bazar. La costumbre vecinal de sacar las sillas de enea y atarlas con una pita a la reja de una ventana ha dado paso a un catálogo de sillas de plástico de dudoso gusto que habría que revisar. En cuanto a las sillas, las de pago aún se podían adquirir con la procesión ya empezada en puntos como la plaza de Zocodover, donde hubo asientos vacíos durante toda la mañana . Aunque este no sea el indicador certero para medir la cantidad de público, sí es cierto que el día festivo y fin del curso escolar, han motivado que muchas familias hayan emprendido viajes o marchado a los pueblos. (Habrá ampliación)