Es la primera vez que Fátima (nombre ficticio) recibe un diploma. Nunca había hecho ningún curso de formación como este de jardinería, que acaba de concluir en un entorno tan privilegiado como el Retiro. «Mi marido no me dejaba trabajar, por algo era... Tantos años aguantando a un hombre que no merecía la pena», lamenta. A su alrededor, cuatro mujeres más, también víctimas de violencia de género o explotación sexual que han concluido esta formación profesional, aplauden cada frase que dice. Solo ellas saben lo que cuesta no solo sobrevivir a estas situaciones insoportables, sino también sobreponerse a ellas y tener el valor para empezar una nueva vida. A algunas se les escapan lágrimas (esta vez de alegría) cuando recuerdan...
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