Después de las buenas sensaciones que había dejado a puro esfuerzo contra
Benfica y
Bayern Múnich, se aguardaba que Boca le bajara la persiana al Mundial de Clubes con una producción convincente y ganadora ante el semiprofesional
Auckland City. Sin embargo, el equipo terminó a contramano del espectáculo montado por su hinchada.
Boca no respondió. Boca no tuvo vida.
Boca terminó coronando un papelón. Y habrá consecuencias…
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