Algunas terminan, otras siguen: la guerra en Ucrania se intensifica
La atención del mundo estuvo concentrada en la escalada bélica entre Irán e Israel mientras otro conflicto siguió su curso: la guerra en Ucrania. En un contexto de menor cobertura mediática, Rusia aprovechó esta ventana para redoblar su ofensiva militar, reforzando la ya prolongada lógica de una guerra de desgaste.
Una estrategia que no busca resultados inmediatos, sino que apunta a erosionar lentamente las capacidades y moral ucraniana, a la vez que se proyecta hacia escenarios futuros más amplios.
Durante las últimas dos semanas, el frente de batalla ha estado marcado por avances tácticos limitados, tanto de las fuerzas rusas como ucranianas, sin que se produzcan cambios significativos en el control estratégico del territorio. Esta es una constante del conflicto desde hace más de un año: desplazamientos lentos, costosos, y focalizados en sectores muy específicos, donde el uso masivo de drones ha transformado por completo la dinámica operativa. Hablamos hoy de un “campo de batalla transparente”, con zonas grises de 15 a 20 kilómetros donde cada movimiento es visible, por lo que es altamente vulnerable.
Soldado ucraniano portando un dron. Vía X@DefenceU 21/06/2025
Rusia ha mantenido su ofensiva principalmente en el óblast de Donetsk, prioridad operativa desde octubre de 2023, aunque también ha registrado avances menores en sectores del norte y este de Ucrania. En concreto, se confirmaron desplazamientos rusos en diversas localidades ucranianas cercanas a este frente. También se realizaron operaciones en la región de Kursk y al noreste de la ciudad de Sumy, reforzando la presión sobre el óblast de Járkov. Ucrania, por su parte, ha llevado a cabo contraofensivas activas. Liberó la aldea de Andriivka en el norte del óblast de Sumy, con avances adicionales reportados entre 200 y 700 metros cerca de Yunakivka. Se registraron también movimientos hacia la región rusa de Kursk y otros puntos cercanos.
Sin embargo, a pesar de estos movimientos, los expertos coinciden en que no estamos ante una verdadera “ofensiva de verano” rusa en el sentido clásico, sino en la continuidad de las operaciones de desgaste iniciadas desde finales de 2023. Los objetivos parecen ser más políticos y simbólicos que operacionales: demostrar iniciativa, agotar recursos enemigos y mantener la presión psicológica.
En ese contexto, el uso de drones y misiles se ha intensificado, con un impacto desproporcionado sobre la población civil. Rusia lanzó varios ataques combinados a gran escala. Entre el lunes y martes de esta semana, por ejemplo, más de 100 civiles murieron tras un bombardeo que afectó a Dnipro y Samara, alcanzando incluso a un tren de pasajeros. Días antes, Kiev fue blanco de uno de los ataques más intensos desde el inicio de la invasión, con la utilización de más de 400 drones y decenas de misiles. El saldo: al menos 24 muertos y más de un centenar de heridos, entre ellos numerosos civiles. Informes adicionales apuntan a que solo en los primeros cinco meses de este año, las bajas civiles en Ucrania alcanzaron las 5 mil 144, lo que representa un aumento del 47% en comparación con el mismo período de 2024.
Los daños que dejo un misil balístico ruso en un departamento residencial en Kiev. Vía X@ZelenskyyUa 23/06/2025
Ante esta ofensiva, Ucrania intensificó sus propios ataques dentro del territorio ruso, apuntando a infraestructura clave como depósitos de petróleo en la región de Rostov. Si bien estos ataques son de menor escala, su dimensión simbólica y estratégica marcan la fase en que está el conflicto: una en la que las fronteras físicas empiezan a difuminarse y el conflicto se expande más allá del frente tradicional.
Los otros frentes que tiene que enfrentar Ucrania
Este conflicto no se juega solo en el terreno militar. En el plano diplomático y estratégico, la reciente cumbre de la OTAN en La Haya reafirmó con fuerza el apoyo internacional a Ucrania, elevando también el nivel de preocupación por la amenaza estructural que representa Rusia para la seguridad europea y global, según el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, para el “Rusia es hoy la amenaza más significativa y directa para la OTAN, y se está rearmando con el respaldo de actores como China, Irán, Corea del Norte y Bielorrusia”. Los aliados acordaron aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB y se comprometieron a reforzar la ayuda militar a Ucrania, que este año podría incluso superar los 50 mil millones de dólares.
En términos concretos, los Países Bajos anunciaron un nuevo paquete de ayuda de más de 200 millones de dólares, con drones y vehículos blindados para evacuaciones médicas. El Reino Unido aportará 350 misiles antiaéreos. Canadá y Australia anunciaron nuevas sanciones, incluyendo medidas específicas contra la llamada “flota en la sombra” rusa.
Ucrania, sin embargo, no está exenta de desafíos diplomáticos. Volodímir Zelenski no fue invitado a la sesión central de trabajo de la cumbre, lo que representa una señal de distancia respecto a anteriores encuentros. Aun así, sostuvo reuniones bilaterales y participó de una cena oficial con los líderes. En ese contexto, se reunió con el presidente estadounidense, Donald Trump, en un encuentro que dejó más preguntas que respuestas. Zelenski afirmó que conversaron sobre el alto el fuego y la posibilidad de una paz real. Trump, por el contrario, negó haber tratado ese tema, aunque expresó disposición para entregar algunos sistemas Patriot y mencionó su intención de hablar con Putin en el futuro cercano.
Volodomir Zelensky junto a Donald Trump en la cumbre de la OTAN. Vía X@ZelenskyyUa 25/06/2025
Este cruce de declaraciones subraya las tensiones que persisten incluso entre aliados, y las diferencias de visión sobre cómo abordar una guerra que no muestra signos de terminar pronto. Desde la perspectiva ucraniana, cada día sin apoyo robusto es una oportunidad para que Rusia reorganice sus fuerzas y fortalezca su posición. Desde la óptica estadounidense, especialmente bajo el liderazgo de Trump, persisten interrogantes sobre el costo político y estratégico de un involucramiento prolongado.
A nivel estructural, las cifras son contundentes. Ucrania sigue altamente dependiente del apoyo externo para sostener su defensa, mientras su economía sufre un colapso progresivo. Rusia, aunque muestra crecimiento económico, lo hace impulsado exclusivamente por el gasto militar, un modelo que no es sostenible en el mediano plazo. Sin embargo, la existencia de una reserva estratégica rusa de más de 120.000 tropas, que no han sido desplegadas, sugiere que Moscú piensa más allá de Ucrania. Algunos analistas del Instituto para el Estudio de la Guerra advierten que estas fuerzas podrían estar siendo reservadas para una eventual confrontación futura con la OTAN. Segun el propio Zelensky, Rusia estaría lista para una guerra contra la OTAN en 203o.
En definitiva, lo que estamos presenciando no es sólo la prolongación de una guerra, sino la consolidación de una estrategia de poder a largo plazo. Ucrania es el epicentro visible, pero las consecuencias geopolíticas de este conflicto afectan directamente al equilibrio de seguridad europeo, a la arquitectura de la OTAN, y al sistema internacional en su conjunto. El apoyo a Ucrania, entonces, no es sólo una cuestión de solidaridad. Es, para muchos, una inversión estratégica en la contención de un orden que hoy está siendo desafiado desde múltiples frentes.