Tiempo ha que la Orquesta de Valencia centraba sus esfuerzos en «salvar» las enormes partituras posrománticas. Las grandes obras de Mahler , Bruckner, Strauss se presentaban como retos técnicos a sacar delante de la mejor forma posible. Tiempo ha, estas grandes composiciones no conseguían llenar la Iturbi y acá y acullá se escuchaban en la platea comentarios, entre resoplidos, un tanto despectivos sobre la duración de estas y su complejo lenguaje para el no habituado melómano. Aquellos tiempos, afortunadamente, pasaron y con el nuevo siglo nuestra querida orquesta ya interpreta, repito, interpreta, estas grandes obras, siempre sin olvidar que para cualquier formación sinfónica por muy de primera fila que sea, no dejan de ser obrones plagados de trampas y dificultades tanto de conjunto como para los solistas a los que en este caso, Mahler coloca en tesituras de gran responsabilidad. La Novena de Gustav Mahler no es una excepción, y en ciertas cuestiones es una de las más complejas de interpretar. Sin riesgo a equivocarme la lectura del pasado viernes marca un antes y un después para nuestra orquesta, y según me dicen el nivel alcanzado para algunos de los músicos comenzó a gestarse con la histórica lectura de la sinfonía 'Resurrección' a cargo de Gustavo Dudamel de hace meses. Cuidado, no significa esto que la sensacional dirección de Alexander Liebreich en esta Novena pase a un segundo plano. En absoluto. Quizás sea el gran artífice de lo sucedido el pasado viernes con un trabajo de fondo, principalmente con la cuerda, que viene de tiempo atrás. Que sea la primera ocasión que se dirige una partitura, y qué partitura, no significa necesariamente caminar por la cuerda floja, y puede uno llegar a ese día con las ideas muy claras y la lección muy bien aprendida. Como Liebreich ha manifestado en varias ocasiones, esta obra le acompaña durante parte de su vida «hasta que llegue el día». Aludía Liebreich a su mentor Claudio Abbado sobre la paciencia de la que hay que presumir hasta afrontar esta Novena. El día llegó y de qué forma. La espera mereció la pena. Debo reconocer que, después de excelentes conciertos y otros de resultados algo más discretos, todavía esperaba una lectura que marcara un hito en la relación del director bávaro con su formación. Siendo una relación fructífera hasta la fecha, pensaba que quizás se había tocado techo en los resultados musicales. Reconozco mi equivocación. Esta Novena Mahleriana ha significado una vuelta de tuerca más. Un salto cualitativo . La Orquesta de Valencia, en modo «sugestión» respecto de la música del compositor bohemio, fue el instrumento más mahleriano que yo recuerde a la formación. Portamenti naturales, fraseos inefables, dinámicas contrastada pero dentro de un contexto general, rubatos… todos fueron interpretados, que no simplemente tocados, con absoluto idiomatismo. Una transfiguración. Se escucharon pianísimos inauditos y los clímax sonaron con la rotundidad y plenitud de las grandes formaciones sin resultar nunca estridentes. Desde el punto de vista individual la tónica fue la misma: extraordinaria María Rubio con un sonido redondo, amplio, muy germano. Magnífico también Salvador Martínez en la flauta y en el Fagot Enrique Sapiña . Sensacional Javier Eguillor en su amplísima partitura para timbales cargada de matices expresivos y complejas dinámicas. Asimismo, Enrique Palomares como concertino y solista, citar a Mariano García en su solo, la primera viola, trompeta, fagot, clarinetes, arpa, flautín, oboe, corno, trombones, tuba … en esta sinfonía cuando lo merecen habría que citar a más una veintena de solistas y ya tendríamos la crítica hecha. Tampoco podemos olvidar a los segundos atriles de cada familia a los que Mahler también les concede papeles importantes. El 'Andante cómodo' fue ya un avance de lo que vendría. Un movimiento complejo pues hay que hacer coherente la enorme cantidad de voces internas con un discurso general que las aúna. El segundo Im Tempo eines gemächlichen Ländlers, es decir como una apacible Länder viene a ser el Scherzo y fue de un irresistible candor. El Rondo-Burleske sacó a relucir las citas más oscuras en contraste con lo grotesco. El Adagio comenzó con la memorable frase de la cuerda declamada de forma admirable ya no sólo desde el punto de vista del empaste y el peso de la cuerda sino por la forma de narrar llena de matices en el fraseo. La música fue muriendo de forma admirable hasta hacer sonar el mismo silencio. Como se sabe, por cuestiones que van más allá de lo músical el pianíssimo con el que acaba la cerca de hora y media de música anotado por Mahler Ersterbend, es decir «agonizando» le sucede un silencio que los directores suelen prolongar siempre en comunión con un respetable que permanece inmóvil creándose una atmósfera de recogimiento . Todo aconteció según lo comúnmente establecido con la cruel excepción de un cruel teléfono móvil llegado directamente del averno. El éxito fue grande y más que merecido, y en las caras de Liebreich y los profesores de la orquesta pudo vislumbrarse el sabor del trabajo bien hecho y la percepción de haber ido «más allá». Feliz, merecido y provechoso verano. ------------------------------------------------------------------------------------- Viernes 20 de junio de 2025 Palau de la Música de Valencia Gustav Mahler, Novena Sinfonía Orquesta de Valencia Alexander Liebreich, director musical