Tuvo que ser en el tercer partido del
Mundial de Clubes, el que le enfrentaba al
Red Bull Salzburgo, cuando al
Real Madrid de
Xabi Alonso le salieran las alas. Cuando se viera, por fin, algo nuevo, algo distinto y, sobre todo, algo eficaz saliendo de las botas de los jugadores blancos. Y eso fue la presión tras pérdida, la intensidad en los esfuerzos y el esquema de tres centrales. Unos conceptos que andaban por ahí perdidos en el ideario madridista y que el entrenador vasco los está trayendo de vuelta. Y lo mejor, para el interés merengue, es que parece que esto es solo el principio.
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