Ciudades como
Milán,
Londres,
Roma,
Lisboa o
Madrid se han consolidado como grandes polos futbolísticos en Europa, albergando clubes históricos que compiten al más alto nivel. En los últimos años, también hemos visto cómo otras urbes han experimentado transformaciones radicales impulsadas por nuevos propietarios: en Manchester, el
City rompió con la hegemonía del
United; en
Liverpool, el
Everton busca un nuevo impulso; en
París, el
París FC ha captado la atención de inversores ambiciosos.
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