Les contaba a mis compañeros, los columnistas Bruno Pardo y Ramón Palomar, los tres vestidos de bonito y sentados a la mesa número 20 (la César González-Ruano) de los premios Cavia , que en República Dominicana, cuando la dictadura de Trujillo, uno sabía que había caído en desgracia conforme su asiento asignado en las celebraciones iba alejándose de la cabecera de la mesa presidencial. Así de sutil era el sátrapa en transmitir su desafecto, su rencor y su ira. Nosotros, desde donde estábamos, a los Reyes y a los premiados ni les veíamos. Nos los tapaba un pilar y medio centenar de repeinadas cabezas y centros florales. Por detrás de nosotros, solo tres de seguridad, un cortinaje y la puerta...
Ver Más