Hace unos meses un jamelgo en patinete se llevó por delante a mi amigo Luis Pablos, viejo compañero en andanzas periodísticas en una de las zonas más concurridas. Y digo jamelgo porque se lo llevó por delante, le fracturó el hombro, la clavícula y el codo y ni siquiera se paró a ver qué le había pasado. Una operación, varios días ingresado y el miedo a que se repita el accidente fueron el saldo del atropello. Y digo jamelgo porque, como tantos otros, probablemente no cumpliese ni los mínimos minimísimos que exige la ley. Atropello, fuga y omisión de socorro, se llama. Y está penado, aunque no hubo pena. Atropellos, fugas y omisiones de socorro que se repiten un día...
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