“Recuérdame mi vida”: la apuesta del Teatro Zoco que aborda la fragilidad de la memoria a través del piano
El pasado 7 de julio debutó en las tablas del Teatro Zoco “Recuérdame mi vida”, una obra protagonizada por las actrices Paola Giannini y Sara Becker y cuya historia se sumerge en la intimidad de una relación madre e hija que se ve atravesada por los primeros signos del Alzheimer.
Una metáfora del olvido que permite diseccionar y analizar el estado del vínculo que las une, en una propuesta que, igualmente, representa la primera colaboración del centro para las artes con la productora Cultura Capital. Sin embargo, el montaje, escrito por Emilia Noguera y dirigido por Jesús Urqueta, también otorga una centralidad crucial a los recursos sonoros que acompañan el tránsito de estas mujeres.
Lo anterior, como una decisión que igualmente apela a las virtudes de la música como un detonador de recuerdos. “Diseñamos una banda sonora que busca activar imágenes íntimas en el espectador”, clarificó Urqueta.
“No se trata solo de lo que se ve o se escucha, sino de lo que eso despierta en la memoria de quien mira. Son temas que muchos reconocen: ‘La misión’, ‘Cinema Paradiso’, ‘Sacco’ y ‘Vanzetti’. Nos basamos sobre todo en el tema central, que es ‘Hope of freedom’. Es hermoso”, sumó el director sobre la banda sonora que complementa la historia, y cuyas partituras son del galardonado compositor italiano, Ennio Morriconne.
“Recuérdame mi vida”, obra disponible en Teatro Zoco. Foto: Daniel Corvillón.
Por eso, y en cada una de las funciones, el piano se sitúa en el escenario como un personaje más. Misión que fue encomendada en las manos de Ignacio Méndez, pianista y académico egresado de la Universidad de Chile que, fecha tras fecha, acompaña al elenco de “Recuérdame mi vida”.
“El hecho de estar ahí, en vivo, directamente en el escenario, ya muestra que el piano es un ente que interactúa en la historia”, comentó el artista. “Además, tengo que dialogar un poquito con una de las actrices. No es un diálogo muy complejo, básicamente tengo que pelotearle un par de cosas de las que ella se queja, pero claro, eso le da una cierta relevancia”.
Algo que también ha dotado esta experiencia —la primera del músico en teatro— de cierto componente dramático que es valorado por Méndez. “Es una obra de teatro con música, no un recital de piano con actrices. Ahí es donde tú tienes que estar básicamente inventando sobre la marcha y de repente repitiendo. Por ejemplo, a veces un monólogo sale más largo y tengo que bajar mucho la velocidad, o repetir una frase entera. O incluso pasa que la actriz, cuando estoy a la mitad de la última página que tengo de partitura, ya terminó”, ejemplificó el intérprete.
“Hay un momento en el que estoy hablando con una de las actrices mientras toco. Y puede sonar un poco tonto, pero estar pendiente y mantener la conversación simultáneamente tiene su complejidad. Y es chistoso, no lo digo como queja. Muchas veces de verdad me pongo a conversar con ella y se me olvida que estoy tocando. De repente, se está acercando al final y ahí me acuerdo y digo ‘chuta, es verdad, el empaste con la sección siguiente’. Y me toca bajar la mirada a la partitura y buscar rápidamente la cuestión, donde sea que me pilló”, sumó.
“Recuérdame mi vida”, obra disponible en Teatro Zoco. Foto: Daniel Corvillón.
Otro de los desafíos presentados durante el proceso fue la búsqueda del material de base para la ejecución del piano. Y aunque en estricto rigor la obra incorpora varios pasajes de Morricone, en la práctica significó una base que exige una constante improvisación.
“No nos calentamos mucho la cabeza en buscar material, porque tampoco había mucho. Lo que encontramos eran estos típicos arreglos de las obras de Morriconne, esas colecciones de piano para que cualquiera las pueda tocar. Tienen la clave americana, un acorde en la mano izquierda y la melodía en la mano derecha, y eso es todo. De pronto, uno lo siente como un problema porque hay muy poco material para tocar. A ratos, lo que tengo en partitura es simplemente una página, y esa hay que hacerla rendir cinco minutos. Es como si con un clip y un elástico tuviera que hacer un avión”, afirmó entre risas.
Realidad que, de todas formas, desliza un lado positivo: “Si tuviera una obra continua para tocar, como si fuera una ópera, este problema no aparecería, pero surgiría el hecho de que me tengo que apegar al discurso y no puedo fluir dramáticamente. En cambio, quizás precisamente a raíz de tener tan poco material o de no tener que tocar pensando en una discursividad musical, la cuestión se presta para moverme dramáticamente, para reaccionar a los acontecimientos que están pasando, al timing de los actores y todo eso“.
“Quizás, el que no haya una elaboración musical más estricta, es precisamente lo que me da el material para moverme o buscar otras soluciones para mantener andando la cuestión”, explicó el artista. Una experiencia teatral y musical que estará presente en la cartelera del Teatro Zoco hasta el domingo 10 de agosto, con entradas disponibles en PuntoTicket.