Cada verano leo un libro gordo, importante, clásicos de la literatura que hasta la fecha no me han hecho mejor persona. Una lástima. Tampoco peor. Una lástima esto también, no me vendría mal dominar levemente más el mundo. Recuerdo en la playa de Cambrils con 'La broma infinita', con el mamotreto sorteando a ningún borracho inglés, se estaba bien, arena por las hojas si acaso. Me gustó su superdotada habilidad penetrativa, D. F. Wallace debía mover objetos con la mente y luego leí que en su pandilla de raros de la universidad tenía un amigo de 12 años, un prodigio. Pero dónde está aquel y en cuantos corazones y cuerpos tatuados está el otro… ¿Pero por qué deslucir a aquel...
Ver Más