A veces, los cuentos de hadas tienen un final feliz. En otras, el adjetivo se queda corto, porque parece difícil incluso imaginar un epílogo mejor. Porque tras una vida de jugar partidos de todos los colores, finales de todos los colores y torneos de todos los colores, el más grande es el último. Ironías del destino.
Seguir leyendo...