Es puente y aparte. O era puente y aparte, porque la realidad es que tras el puente casi todo ha cambiado. El barrio, como gran parte de Sevilla y de las principales capitales de España, Europa..., han caído en las redes del turismo, del que todos formamos parte y participamos cuando dejamos atrás nuestra casa para cruzar las fronteras en busca de nuevos destinos. Ni bueno, ni malo, es lo que toca. Pero qué fue antes, el huevo o la gallina: ¿la vivienda encarecida echó a los vecinos y llegaron los inversores turísticos o el aterrizaje de éstos puso encima de la mesa a los trianeros la opción de ganar dinero y buscar otro techo? Sea como fuere, lo que pasa en Triana no es distinto a Santa Cruz o el Arenal.