Era tan incómodo, como lento. Con viejos vagones de asientos de madera en los que el gentío se apiñaba con sus escasos equipajes encima y sus copiosas provisiones para aguantar las 18 horas que costaba llegar de Madrid a Alicante . Y sin más aire acondicionado que el que uno se acondicionaba a sí mismo con un abanico para sobrellevar el asfixiante calor . Vamos, como el que algunos han sufrido en sus carnes este verano, atrapados en el AVE por alguna avería y sin una botella de agua que poder comprar en las arrasadas máquinas de 'vending'. Solo que en 1893 , a nadie le cogía desprevenido. Esos barrios enteros de la capital que viajaban hacinados como cuadrillas de...
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