Una empleada llevaba llegando tarde muchísimo tiempo en la empresa,
prácticamente se convirtió en una costumbre que no molestaba y por la que nadie le llamó la atención. Llegó a acumular
hasta 176 retrasos y la compañía tomó la decisión de despedirla, pero para su sorpresa, la Justicia consideró el despido como improcedente.
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