Por Juan Gabriel López Guix. Muchos años después, frente a la primera frase de su texto, el traductor veterano había de recordar aquella frase que una tarde remota le hizo decir a uno de los personajes de la novela que estaba traduciendo. «Cabeza fría primero cosa». Era el consejo que, vertido al castellano desde un original escrito en ese fragmento en pidgin hawaiano, le daba en «Todo un hombre» de Tom Wolfe un personaje a otro para que pudiera afrontar las pruebas con que lo golpeaba el destino. [...]