Alex de Miñaur, número 8 del mundo, lo dice todo sobre sus raíces españolas sin decir nada. Sin necesidad de mediar palabra, lo expresa todo con su tenis, ese por el que se ha ganado -y con razón-, ese apodo de “demonio de la velocidad”: lo corre todo por patas sin cesar a toda pastilla para devolverlo absolutamente todo, como un hombre que se casca maratones a una raqueta pegado. Duro como una roca, De Miñaur es lo que en Francia -y también el charlatán
Nick Kyrgios-, una “rata de tierra”. Se crió de hecho en la tierra de la tierra.
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