España se encuentra inmersa en un eterno periodo preelectoral. El frágil Gobierno de Pedro Sánchez, acorralado por la corrupción y zarandeado por las cuestiones particulares de sus socios de investidura, conmina a pensar que el presidente no agotará su mandato (hasta julio de 2027) y pulsará el 'botón' de las elecciones generales en cuanto la situación le invite a ello. En Moncloa saben que, sin presupuestos, sin capacidad para sacar sus leyes adelante por la falta de apoyos en el Congreso, y con los continuos escándalos que salpican los desayunos prácticamente a diario, la gobernabilidad del país es una quimera. Se trata más de estar que de gobernar, si bien las encuestas que manejan, públicas o privadas, dibujan un panorama...
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