El calor intenso, como el de este verano en Alicante, afecta a nuestro termostato interno. Cuando sube mucho el mercurio, nuestro cuerpo hace un mayor esfuerzo para mantener la temperatura normal. Si no lo conseguimos, podemos sufrir mareos, calambres, agotamiento o golpes de calor, que incluyen posible pérdida de conciencia.