Basta con ver la soltura con la que Kiko Rocher coge una escurridiza anguila para darse cuenta de que, a sus 27 años, parece haber pasado ya dos vidas en una cocina. El tajo que desangra, aún viva, a esta joya de los cercanos humedales que circundan la Ribera Baja valenciana tiñe de rojo el puño doblado de su chaquetilla y enciende su mirada de cocinero. Lo ha hecho un millar de veces antes desde niño, en Casa Rocher , el restaurante familiar —un referente de los arroces— en el que se empapó de ese recetario de la 'terreta' con el que hoy sacude la oferta estandarizada de Cullera . Lo hace junto a su compañera de vida y de...
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