Mirar los abarrotados tendidos de sol, con los cuarenta grados cayendo a plomo, daba horror. Claro que en la sombra, si no eran cuarenta eran treinta y ocho. Y también hacia falta valor. Con esa luz cegadora, con los abanicos incansables y con las charangas a pleno pulmón, comenzó la corrida en la tarde del santo. Abarrotada la plaza y ganas de ver toros, una expectación inusitada, por la primera y por las que vendrán. La verdad es que no comenzó mal la cosa, los toros de José Cruz , bien puestos de carnes y de ejemplar bondad, pusieron las cosas fáciles a los de luces, compitiendo en banderillas en la primera mitad. Cortó una oreja Antonio Ferrera, con sus...
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