A diez días de empezar la temporada, el adiós de
Iñigo Martínez es un torpedo deportivo a la línea de flotación del Barça. Vale que el defensa, a los 34 años, debe aprovechar el último gran contrato de su vida, cobrando en el fútbol árabe lo que jamás ganó en los equipos vascos ni en el
Barça. Vale que, con el agua al cuello para las inscripciones de
Joan, Szczesny, Rashford y compañía,
Laporta debía aligerar masa salarial como fuera y, en este sentido, ahorrarse la alta ficha de un jugador que llegó gratis era, para el ‘fair play’ de marras, una operación crucial. Pero para tapar la mala gestión económica, el parche de la marcha de Iñigo es un importante golpe en lo deportivo. Para
Hansi Flick, el central vasco era el líder de la defensa, el complemento ideal del joven
Cubarsí y el capitán sin brazalete en el campo. La prueba es que, con
Flick, Iñigo fue el sexto jugador qué más minutos jugó, el séptimo en titularidades y el octavo en partidos disputados.
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