CUANDO me instaron a pensar cuál es el muro que desearía derribar a través de mis colaboraciones en ABC, no tuve la más mínima duda: el muro de la ignorancia elegida. ¿Pero acaso se puede elegir ser ignorante? En el Primer Mundo europeo, por supuesto, pues hablamos de sociedades ricas con educación, sanidad y pensiones universales, con acceso libre a prensa, bibliotecas y recursos digitales, y con la libertad suficiente y necesaria como para contrastar opiniones, argumentos e informaciones. Por lo tanto, si un europeo se declara terraplanista, anticiencia o conspiranoico, no sólo está eligiendo la ignorancia, sino levantando de forma deliberada un muro contra el conocimiento, con los adobes de sus prejuicios, creencias o ideologías. Una cosa es rechazar...
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