¿Los presidentes quieren un conflicto?, por Mirko Lauer
Ya se han dado suficientes incidentes pequeños, y ahora Colombia y Perú deberían sentarse a la mesa diplomática que vendrá en un par de semanas. Quizás ninguno de los dos presidentes quiera conversar, y ambos prefieran hacer la política del gesto (el sobrevuelo, el candidato con bandera, el movimiento de soldados, el viajecito). Pero ninguno de ellos va a ganar nada por allí.
La hipótesis de un conflicto militar en la zona de Santa Rosa-Leticia-Tabatinga no tiene ningún sentido. En esa zona todo queda lejos de las capitales nacionales, hay una exigua población y, que se sepa, ninguno de los tres Estados tiene un interés real por la parte que le toca. Estamos, pues, ante una situación de politiquería anclada en el nacionalismo.
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Cuando uno mira sobre el mapa el pequeño y fragmentado territorio de Chinería, tiene que pensar en el kilómetro cuadrado de Tiwinza, ganado por Ecuador en una guerra y, hasta donde entendemos, perfectamente inútil. Aunque por lo menos está libre de los vaivenes del río Amazonas. Es complicado defender una soberanía tan fluctuante.
En verdad, con Bogotá no hay el clima de peligro bélico que hubo con Quito en otro tiempo. Pero sí hay la posibilidad de que las malas relaciones prendan y duren. Gustavo Petro no se cura de la caída de su carnal Pedro Castillo y quizás hay intereses en que el triángulo del caso se vuelva algo más petrolero de lo que ya es.
Pero la clave de todo es Petro y su tirria contra el Perú presidido por Dina Boluarte. Sergio Guzmán, de Colombia Risk Analysis, hace notar que Petro no tiene problemas en ceder soberanía en la frontera con Venezuela, pero en el caso de Perú se despacha como un verdadero halcón. Un caso de afinidad electiva, es evidente.
Ninguno de los dos presidentes tiene poder político suficiente como para lanzar a su país a un conflicto armado. A la población colombiana, Maduro y sus armas rusas le preocupan mucho más que Boluarte. Además, la presencia de Brasil en el triángulo es un factor adicional que desanima a los dos países andinos de traquetear sables.
La comisión binacional sobre fronteras de las cancillerías tiene acordada su próxima reunión para septiembre. Esperemos que para entonces se hayan calmado las aguas y estas pronto puedan ser dragadas para que Colombia no se quede sin costa amazónica.