No hay duda de que el
sarcasmo es exigente e incisivo. Su objetivo es exprimir la ironía hasta el punto de cuestionar o burlarse de alguien o alguna cosa. El cerebro para ser capaz de entender la ironía debe activar múltiples conexiones neurales al mismo tiempo que debe adaptarse al contexto. Algo muy complejo que los científicos y neurólogos estudian con mucho interés.
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