El fútbol tiene jugadas que trascienden al tiempo, pequeños gestos que no necesitan traducción. La rabona es una de ellas: un acto de rebeldía hecho poesía. Nació en La Plata en 1948, con
Ricardo Infante cruzando la pierna como un niño travieso que falta a clase, y se transformó en patrimonio de potrero, en guiño del 'pibe' que improvisa cuando la pelota queda incómoda.
Seguir leyendo...