A veces el insulto es un elogio. El alcalde de Bilbao ha vuelto a caer en la trampa cotidiana de la altanería nacionalista, siempre tan pendiente de lo que hacemos por aquí abajo para encontrar los argumentos de superioridad que la naturaleza les ha negado. En esta ocasión, Juan Mari Aburto, del PNV, se ha vanagloriado de no querer convertirse «en ningún pueblo del Sur del Estado» para comparar las fiestas vascas con los supuestas juergas andaluzas. Y sin darse cuenta nos ha dedicado un piropo. Porque nosotros estamos encantados de no parecernos a nadie. Eso es lo que no entienden estos separatistas, que los andaluces tenemos una identidad tan acusada y tan histórica que no necesitamos reivindicarnos fuera de...
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