Y luego está el cerdo. Exijo la devolución de nuestro cerdo de Riotinto. Porque no es un cerdo cualquiera, ni mucho menos. Hablamos de una figura singular, de un jabalí de bronce –de apenas veinticinco centímetros de largo y dieciocho de altura– hallado en 1929 por los operarios británicos de la Rio Tinto Company , esos caballeros de los que ya les he hablado, que vinieron a extraer minerales y a jugar al tenis. El animal en cuestión duerme hoy su exilio de pieza inadvertida en el British Museum. Pero ese jabalí es testimonio y símbolo. Según los estudiosos, fue un trofeo de guerra de una legión romana destacada en la Bética, allá por el 50 a.C. Parece que los...
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